La resistencia al cambio

En una ya clásica proposición, Wittgenstein afirmó en 1921 que los límites del lenguaje eran los límites del mundo. Quiso decir que sólo aquello que puede ser traído por el lenguaje a la conciencia, tiene existencia y puede ser discutido. Por primera vez en la historia millones de seres humanos conocen el nombre de las diversas amenazas que se ciernen sobre ellos en tanto que especie. Por primera vez millones ya reconocen el nombre de su asesino. Algunos de esos nombres son calentamiento global, guerra bacteriológica, sequías, hambrunas, pérdida de la biodiversidad, deforestación, extractivismo, extermino político y étnico. Pero todos ellos, pueden resumirse en uno solo nombre: Capitalismo.

Al lado de estos millones de seres humanos que conocen el peligro y que luchan contra él, hay un número todavía mayor que lo ignora, lo niega, lo minimiza o se ve obligado a resignarse. La realidad es que unos y otros afrontan ya sus rigores. Y no depende de su voluntad o de su imaginación eludirlos. Miles han muerto y morirán. Los signos de devastación son alarmantes y, salvo una voluntad de autoengaño peligrosa y complaciente, no se comprende porqué se actúa tan poco.

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El silencio de la guerra

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Jesús Abad Colorado – Tierralta, Córdoba, 2004

 

A Jesús Abad Colorado

Una de las primeras víctimas de la guerra es el lenguaje. El horror lo paraliza. La violencia de la muerte lo destruye. El poder lo convierte en cómplice, lo deforma, lo banaliza, lo usa para la mentira. El miedo lo silencia, lo enmudece. Pocas veces lo obliga a manifestarse. Y este uso de la voz, de la escritura, se paga con la hostilidad del medio.

Al atacar al lenguaje, se está atacando al hombre en su integridad. Se lo agrede allí, donde tiene existencia. El hombre es por el lenguaje. También en el lenguaje. No se diferencia de él. Es ahí donde nace a la conciencia de sí mismo, y desde donde se asoma al mundo y se sabe existir.

Atacar el lenguaje es declarar la guerra a lo humano que hay en el hombre. Lo humano es tanto el hablar, como tener la capacidad de hacerlo. Por eso el oficial, amenaza al recluta hasta convertirlo en autómata; por ello, el asesino ignora las suplicas o las razones de la víctima, negándole importancia a lo que dice. De ahí que un velo cómplice de silencio cubra todos los crímenes perpetrados durante los enfrentamientos.

El lenguaje es un organismo vivo del que depende la vida anímica y espiritual del hombre.

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