La profundidad de la poesía

tumblr_no4j08ItcX1twvpk0o1_540

¿Qué profundidad es la que le pedimos a la poesía? No, seguramente, la de los conceptos. No, únicamente, la de los grandes temas. La carne, las sensaciones, los detalles mínimos, las fracturas de la lengua, también tienen su hondura. La profundidad viene de rumiar un asunto largamente. Es, si me permiten, una experiencia asumida, que casi se dice sola en nuestro interior, que se impone como un peso. Por eso se escribe denso de sí, y lo escrito es ocasión para el pensamiento del lector. Lo que llamamos inspiración es fruto del trabajo. La poesía es esa cosa lenta que destella contra el pensamiento y lo hace temblar.

Anuncios

¿Para qué lectores en los tiempos del ruido?

 tgrty

No siempre hemos leído en silencio. Hasta el siglo XVI de nuestra era, no fue una práctica corriente. Tanto el poeta, como el senador o el monje copista de la antigüedad escribían calladamente, pero leían sus textos en voz alta delante de los otros. No importaba si era un poema, una réplica aguda a cualquier ofensa o una fatigosa prueba de la existencia de Dios. La voz humana nunca dejó de escucharse, ni siquiera en las lecturas calladas, menos frecuentes, donde el lector se escuchaba a sí mismo. No se leía en silencio, pero había un silencio atento: el del oído.

Hoy, sin embargo, hemos llegado a un momento de la historia, en el que, por la alta tecnificación de nuestra civilización, incluso pensar es difícil, y escucharse a uno mismo, un reto. La cantidad de ruido humano, que es ínfimo, comparado con los ruidos de la naturaleza, impide muchas veces comunicarse. Las corrientes de los ríos, las olas que golpean en todas las playas, la lluvia, los desprendimientos de tierra y grava, los grandes desplazamientos de los animales o la algarabía de los pájaros y los monos en las selvas, nunca alcanzan los niveles de los ruidos de los hombres, ni son tan irritantes. Acaso porque su monotonía los iguala al silencio, porque no son intencionados o porque jamás reclaman el sentido que exige el lenguaje hablado. La omnipresencia de la música, de los anuncios, de la transmisión de datos, de las voces humanas, de los vehículos y fábricas, en fin, de toda esa inflación sonora dificulta la tarea de entendernos. El ruido es un sonido inarticulado que desgarra los oídos, una perturbación que dificulta la transmisión de un mensaje. La lectura, por su lado, es un diálogo que dos personas, aunque lejanas en el tiempo y en el espacio, tratan de sostener. De ahí, esta relación que no sea nueva. Casi nunca se habla de leer, sin hablar al mismo tiempo del ruido.

Sin embargo, todavía pueden verse figuras dobladas sobre escritorios, mesas o escaleras. Figuras aisladas en medio del fárrago, del bullicio, circundante: en cafés, universidades, autobuses, apartamentos o casas atestadas del ruido. Todos ellos abismados por la fuerza de atracción del libro, aislados como autistas, como amantes que se esconden para acariciarse o como hombres que buscan a Dios en su soledad.

¿Cómo lo consiguen? ¿Cómo persisten en un diálogo del que otros desisten irritados? Alguien puede opinar que leen superficialmente, que su comprensión no es la misma de los que leen en silencio. ¿Pero dónde hay verdaderamente ausencia del ruido? Continúa leyendo ¿Para qué lectores en los tiempos del ruido?

La lectura

04.chardin-philosophe-occupe-de-sa-lecture

La lectura es una práctica humana que nos descubre que el mundo puede ser distinto. Que, aunque cabe en el reducido espacio de un libro, nunca es tan pequeño. Que lo leído engrandece, por humilde que sea el lector. Que el pasado y el presente se nutren mutuamente. Que lo que allí se narra es tan grande como la vida.

La lectura nos dice, además, que el tiempo empleado en soñar, nunca es desperdiciado. Que las manos abiertas, que la levedad que cabe en ellas, son capaces de dar vida. Y que el gesto de inclinar la cabeza puede ser un indicio ternura o valor.

Que las bibliotecas no son depósitos, sino herbarios donde crecen seres vivos. Cada libro despliega sus ramas por generaciones. Y que el bibliotecario, si es un lector, es un conocedor de la flora y la fauna que allí habita, un explorador y un amigo de viaje.

Y, sobre todo, la lectura nos dice que la soledad se busca para encontrarse con otros, que al leer nos encontramos con el desconocido que podemos ser.

Continúa leyendo La lectura

La pintura silenciosa de Gregorio Cuartas

exposicion_retorno-insulas_y_paisajes_-_gregorio_cuartas_-_antioqueno_-_col_08

 

En el siglo V antes de nuestra era, Simónides de Ceos afirmó que si la poesía era una pintura que habla, la pintura debía ser una poesía muda. Lo que es tanto como decir que, si el lenguaje tiene la capacidad de representar, la pintura tiene la de expresar, aunque no produzca sonidos. En esa época todavía no estaba generalizada la lectura en voz baja. Por eso el silencio de los frescos, más que inquietar, seducía. Sorprendía. Pero era un silencio distinto del que aqueja a la producción artística contemporánea. En la antigüedad, las obras eran expresivas (hablaban sin palabras); en el presente, se han hecho mudas.

Esa, al menos, es la opinión de Gadamer, que explicó este enmudecimiento Continúa leyendo La pintura silenciosa de Gregorio Cuartas

El término medio de la escritura

6a190cbf6791af23762a68bd999ad3651

A pesar de su fama inveterada de racionalista, Aristóteles era un hombre sensato. No buscaba las virtudes humanas en lo más excelso, sino en el equilibrio: en ese punto en que la acción se aleja de los extremos. Pero ese “término medio”, como lo llamó, no podía ser preciso, pues el catálogo de las acciones de los hombres es tan variado que no lo permite. En cambio, el filósofo definió los extremos (pongamos: cobardía y temeridad, tacañería y despilfarro), y, aunque Continúa leyendo El término medio de la escritura

Los grandes poetas

Vratko Toth

 

¿En qué reconozco a un gran poeta? En la fuerza con la que se impone en mi espíritu. En la escasa resistencia que puedo oponerle. En la obstinación con la que me habita, me hostiga, me seduce y reduce. Padezco su presencia. Si alguien sospechara que es una experiencia cercana al amor, acertaría. Pero el amor es el gozo de ser vencido. En tanto que, como escritor, pervive en mí el deseo de tomar revancha de la obra que me ha subyugado.