Acerca de la poesía

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Friedrich – Dos hombres junto al mar. 1817

 

Alejandra Pizarnik dice: “Hablo como en mí se habla”. Esto es, la poesía es un lenguaje que cada uno oye hablar, crecer, desde su interior. Un lenguaje íntimo, sí. Pero que, al decir de Hugo Mujica, “no viene del poeta, ni del mundo, sino de su encuentro”. A veces de su colisión.

La poesía es entonces el sonido de tal concurrencia. Es el brotar lenguaje de una relación. Si no tuviéramos palabras, el sonido sería inarticulado, como en el acoplamiento rítmico de dos cuerpos; o mudo, como el chocar de dos piedras. Continúa leyendo Acerca de la poesía

Acerca del sentido

 

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Ewa Partum, Poem, 1971.

La vida del lenguaje es el sentido. La lengua expresa algo que guarda la promesa de ser comprendido por otros. Sentido no tiene que ser igual a claridad. La palabra del poeta abre espacios de significación en medio del ruido; los funda, los disputa a la sordera y al fárrago de la modernidad. Aunque la tentación de la época sea, para el poeta, la de enmudecer su lenguaje en un grito, su lucha debe ser porque el sentido prevalezca, porque su palabra no sea la de la máquina, la de los bárbaros o la del animal. Porque su palabra diga todavía algo. Porque esta pueda y deba ser escuchada. Por eso hay que negarse a leer donde hay ruido.

¿Es todavía poema cuando todos los poetas hablan al tiempo y nadie se escucha?

El silencio de la guerra

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Jesús Abad Colorado – Tierralta, Córdoba, 2004

 

A Jesús Abad Colorado

Una de las primeras víctimas de la guerra es el lenguaje. El horror lo paraliza. La violencia de la muerte lo destruye. El poder lo convierte en cómplice, lo deforma, lo banaliza, lo usa para la mentira. El miedo lo silencia, lo enmudece. Pocas veces lo obliga a manifestarse. Y este uso de la voz, de la escritura, se paga con la hostilidad del medio.

Al atacar al lenguaje, se está atacando al hombre en su integridad. Se lo agrede allí, donde tiene existencia. El hombre es por el lenguaje. También en el lenguaje. No se diferencia de él. Es ahí donde nace a la conciencia de sí mismo, y desde donde se asoma al mundo y se sabe existir.

Atacar el lenguaje es declarar la guerra a lo humano que hay en el hombre. Lo humano es tanto el hablar, como tener la capacidad de hacerlo. Por eso el oficial, amenaza al recluta hasta convertirlo en autómata; por ello, el asesino ignora las suplicas o las razones de la víctima, negándole importancia a lo que dice. De ahí que un velo cómplice de silencio cubra todos los crímenes perpetrados durante los enfrentamientos.

El lenguaje es un organismo vivo del que depende la vida anímica y espiritual del hombre.

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La desolación y la rabia

“[…] somos por fin la soledad buscándose a sí misma”

Luis Arturo Restrepo

Hay una fotografía tomada por Jesús Abad Colorado, en la esquina de un caserío rural.  Una calle estrecha, de tierra. A la derecha, se alza una hilera blanca de casas. A la izquierda, la línea elevada del monte con maleza. Sobre la acera, tres niños miran al frente. Uno de ellos, a la cámara del reportero. Tres adultos alcanzan a distinguirse. Un pequeño perro, desolado, da la espalda a la escena. En la calle hay dos volquetas. Sobre una de ellas se ven cinco cuerpos maniatados, asesinados.

10523731_10152603234795731_2892440487624063640_nEsa imagen es Colombia. El fotógrafo, otro testigo. Lo que produce la visión de la fotografía es compasión e ira, tristeza e indignación. Miedo. Esa reacción que conocemos tan bien desde niños los que habitamos aquí. Esa mezcla de sentimientos engendra la poesía de Luis Arturo Restrepo. Una poesía dura, desolada, tierna, meditativa, que mira hacia la realidad violenta y desamparada de la existencia. Que hace íntima la experiencia del desengaño, del silencio, de la impotencia y, a veces, de la insolencia que acompaña al testigo de los crímenes o de la desapacible contemplación de la vida. Porque todos los hombres son testigos, pero pocos asumen, sienten tan íntima esa urgencia de contar, de transformar su dolor, su rabia, en algo que hable a los otros. La primera víctima de la guerra es el lenguaje. El horror lo paraliza. Lo banaliza. La muerte lo fulmina. Los poetas padecen la necesidad dolorosa, apremiante, liberadora de hablar.

58379342_2271416033124924_7382962903952916480_nLa poesía de Luis Arturo, además de intensa, es también culta. En el sentido en que mantiene un diálogo abierto con la tradición y los contemporáneos. Toma poetas vivos o muertos como interlocutores. A su vez, mantiene una relación cuidadosa con las palabras: no es un grito inarticulado. Sino una obra que se sirve de la potencia del lenguaje para lograr su expresión. Poemas que, desde el conocimiento de la lengua, desde su aplicación, buscan sondear y expresar, también golpear, con mayor intensidad la experiencia humana e individual de la vida. Mostrar su desencanto por la violencia y la cultura en la que le fue dado asumir.

En su obra hay una asunción de la pérdida. Un diálogo con los muertos. Un intento de acercarse a la experiencia de la maternidad. La insolencia del que ha visto demasiado y decide castigar, castigarse a sí mismo también, con la lengua.

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La profundidad de la poesía

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¿Qué profundidad es la que le pedimos a la poesía? No, seguramente, la de los conceptos. No, únicamente, la de los grandes temas. La carne, las sensaciones, los detalles mínimos, las fracturas de la lengua, también tienen su hondura. La profundidad viene de rumiar un asunto largamente. Es, si me permiten, una experiencia asumida, que casi se dice sola en nuestro interior, que se impone como un peso. Por eso se escribe denso de sí, y lo escrito es ocasión para el pensamiento del lector. Lo que llamamos inspiración es fruto del trabajo. La poesía es esa cosa lenta que destella contra el pensamiento y lo hace temblar.

La lectura

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La lectura es una práctica humana que nos descubre que el mundo puede ser distinto. Que, aunque cabe en el reducido espacio de un libro, nunca es tan pequeño. Que lo leído engrandece, por humilde que sea el lector. Que el pasado y el presente se nutren mutuamente. Que lo que allí se narra es tan grande como la vida.

La lectura nos dice, además, que el tiempo empleado en soñar, nunca es desperdiciado. Que las manos abiertas, que la levedad que cabe en ellas, son capaces de dar vida. Y que el gesto de inclinar la cabeza puede ser un indicio ternura o valor.

Que las bibliotecas no son depósitos, sino herbarios donde crecen seres vivos. Cada libro despliega sus ramas por generaciones. Y que el bibliotecario, si es un lector, es un conocedor de la flora y la fauna que allí habita, un explorador y un amigo de viaje.

Y, sobre todo, la lectura nos dice que la soledad se busca para encontrarse con otros, que al leer nos encontramos con el desconocido que podemos ser.

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La pintura silenciosa de Gregorio Cuartas

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En el siglo V antes de nuestra era, Simónides de Ceos afirmó que si la poesía era una pintura que habla, la pintura debía ser una poesía muda. Lo que es tanto como decir que, si el lenguaje tiene la capacidad de representar, la pintura tiene la de expresar, aunque no produzca sonidos. En esa época todavía no estaba generalizada la lectura en voz baja. Por eso el silencio de los frescos, más que inquietar, seducía. Sorprendía. Pero era un silencio distinto del que aqueja a la producción artística contemporánea. En la antigüedad, las obras eran expresivas (hablaban sin palabras); en el presente, se han hecho mudas.

Esa, al menos, es la opinión de Gadamer, que explicó este enmudecimiento Continúa leyendo La pintura silenciosa de Gregorio Cuartas