¡Ánimo, señor Lier!

a Jair Taborda

0005Tenía doce años, y al final de la Trierer Straße, en los suburbios de Berlín, quedaba la biblioteca del instituto dedicado a la memoria del gran filólogo alemán Mathias Werth. Era un sótano amplio y bien iluminado por la luz eléctrica. Tenía pequeñas ventanas que daban, por los costados, hacia afuera. Me gustaba pasar los domingos en ella. La biblioteca, aunque pequeña, tenía una exquisita colección de volúmenes. Y, desde que había empezado el avance de los rusos, recibía numerosos ejemplares evacuados de otras ciudades. Su aspecto se acercaba cada vez más al de un depósito de libros. Continúa leyendo ¡Ánimo, señor Lier!

La soledad del desierto

 

a Laura Osorio

 

Tuareg woman. Abalak, Niger - Kazuyoshi Nomachi

—Cuatro sonidos me acompañan: mi resuello. Los pasos en la arena. El viento en las dunas. Tu nombre en mi memoria.

De tal manera nos despoja el desierto, de tal manera es simple la vida. Intento no pensar. Aquí la soledad lo es todo.

  Avistamos a los nómadas a mitad del camino que lleva de Bilma hacia Agadez. Cerrando la hilera de camellos y hombres, iba un hombre atado por las manos. Iba con la cabeza descubierta y trataba de no quedarse atrás, para que los animales no le arrastraran. Iba cubierto de arena. Nunca hasta entonces, había comprendido la expresión —hecho de barro— Nunca hasta entonces pensé que Dios no nos había mezclado con agua, que el suyo había sido un soplo sobre un puñado de polvo. Continúa leyendo La soledad del desierto

Toda la soledad que era mía

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Toda la soledad que era mía, de Carlos Andrés Jaramillo

 

Los cuentos de Toda la soledad que era mía demuestran una especial sensibilidad de su autor por el dolor de la existencia y el arte, por la belleza y la simpatía que también deparan el ir y venir por los tiempos y los espacios humanos. Se podría decir que a estas narraciones las caracteriza una voluntad poética tan inquietante como conmovedora. Aspecto digno de celebrar si se tiene en cuenta el panorama del cuento actual del país en el que sobresalen el prosaísmo, la escritura periodística más o menos ramplona y un realismo sucio y atravesado de humores frívolos. Ante el neocostumbrismo urbano o rural, ofrecido por la nueva cuentística colombiana, el rumbo que toma Carlos Andrés Jaramillo es sin duda refrescante
Pablo Montoya Campuzano