Acerca de la curiosidad

Aristóteles dijo, en la primera línea de la Metafísica, que el hombre “naturalmente desea saber”.

Hay que imaginar al viejo filósofo de Estagira, mientras descubre en cada criatura el deseo de saber. Porque curiosos son los perros, curiosos son los gatos, las aves e incluso los insectos. Todos se dejan fascinar, no sin recelo, por las cosas. Y mientras lo hacen, son hurtados del mundo, su atención es arrastrada hacia algo más… Pero el hombre es curioso de una manera distinta, ya que tiene memoria y capacidad de escuchar. Las condiciones necesarias para aprender. Así que el hombre no sólo se deja fascinar, entabla una relación de alegre desafío con lo desconocido. El entusiasmo es un buen indicio de que ha sido absorbido. También él quiere encantar, también él quiere que se muestre lo escondido. Citemos al estagirita:

“Todos los hombres tienen naturalmente el deseo de saber”

Hay que sonreír admirado. La naturaleza nos ha hecho curiosos. Negar esa curiosidad es negar nuestra humanidad. Veo a los hombres de mi tiempo. Están seguros del mundo. Pueden explicarlo. Han perdido la alegría de ser desafiados.

Quedan ciertas formas del misterio. Cada persona amada lo es. Quedan ciertas formas de mirar que no aniquila al mundo.

Todo poeta verdadero se deja encantar…

Publicado por

Carlos Andrés Jaramillo

Poeta, narrador y filósofo colombiano.

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