Más acerca de Adorno y la poesía

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Cuando los poetas escuchan la frase de Adorno, según la cual escribir después de Auschwitz es barbárico, tienden a ironizarla o a rechazarla de tajo. Poetas tan eminentes como Zagajewski o Szymborska han caído en esta banalización. A una sensibilidad acostumbrada a la función expresiva y catártica del lenguaje, le resulta imposible de asumir el que alguien pretenda cuestionar su instrumento. Asumen que se trata, bien de un momento de desesperación nihilista o bien, de la candidez de un filósofo que no es artista. La fe en su arte (que a veces es de una candidez desarmarte) les impide mirar la vastedad del problema. En realidad, no hay en la declaración de Adorno, sólo una crítica a la cultura escrita, a la técnica literaria, sino y sobretodo, a la razón misma, en su función instrumental (técnica, no reflexiva), de la que la escritura literaria es, apenas, un producto, igual que las demás artes.

Esa razón tecnificada, instrumentalizadora, que no se piensa a sí misma, ni sus límites, permitió la invención y la operación de los campos. Pero también le restó valor a los escritores para oponerse a la barbarie y convirtió su medio expresivo en algo inofensivo, serializado y homogéneo que, después de la guerra, reclamaba su derecho a hablar, a expresarse; como si la existencia de los campos no hubiera revelado el curso atroz que ha tomado la razón en el hombre, el fracaso de toda teodicea racional, su cobardía, las tendencias inhumanas en su psiquis, lo convencional y mercantilizado de su arte y, finalmente, como si no hubiera modificado la relación misma con sus semejantes y hasta con su propia muerte.

Al declarar que escribir después de los campos es bárbaro, está declarando que la escritura como práctica no se desarrolla al margen de una transformación instrumental de la razón y que, como tal, arrastra sus vicios y problemas, hasta el punto de estar cada vez más mercantilizada y planificada. De tal forma que es inválida o, por lo menos, debe ser puesta en cuestión.

Sólo de esa manera, confrontada con su negatividad, con su sombra, puede la escritura transformarse.

Posdata extendida:

La frase de Adorno, ha sido siempre un enunciado sacado de contexto. Ninguno de los críticos de Adorno alude al ensayo en el que se encuentra la cita, ni a la crítica cultural, ni a la razón instumentalizada, que son el fondo de su declaración. Tampoco a los varios momentos en que el filósofo revisó cuanto que dijo. Simplemente no les importa la problemática asociada. Es una respuesta emotiva y nada más. Les duele el que Adorno les llame bárbaros, esto es, les arroje a la cara la manera en que la razón planificadora, banalizadora, del espectáculo, ha penetrado en la cultura libresca hasta hacerla servil e inofensiva.

Personalmente estoy con Adorno, Steiner, y con todos aquellos que alimentan la sana sospecha de que entre civilización y cultura, cultura alfabetizada y ética, no hay un nexo causal. El que haya ejemplos de poetas originales, éticos, no invalida los estragos que ha causado la razón en la cultura y mucho menos válida a la poesía en general. Porque exista Celan no todos los poetas están justificados. Sólo él.

Es un deber cuestionar la poesía, hacerle las preguntas, no asumir que es ética inmediatamente. Ese conformismo es el mismo que propició el ascenso del nazismo y la ceguera para lo que había en el hombre, en la razón, en su psiquis y que permitió la barbarie.

A los poetas demasiado convencidos de que su arte es civilizatorio, como si no cantara a la guerra desde siempre, les duele el que los llamen bárbaros. Pero no les duele el servilismo, la ostentación, el repugnante manejo de la cultura que hacen las editoriales, las instituciones y ellos mismos de sus carreras. Es más fácil difamar, despachar a Adorno, que tratar de entenderlo.

¿Por qué les duele la generalización de Adorno, si la generalización contraria “toda escritura es ética” es igual o todavía más engañosa? ¿No ha cantado la poesía a la guerra durante siglos, no ha asociado sus metáforas a la sangre, a los tiranos, a los gobiernos, a las ideologías criminales que desembocaron en campos sembrados de cadáveres?

Publicado por

Carlos Andrés Jaramillo

Poeta, narrador y filósofo colombiano.

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