Los grandes poetas

Vratko Toth

 

¿En qué reconozco a un gran poeta? En la fuerza con la que se impone en mi espíritu. En la escasa resistencia que puedo oponerle. En la obstinación con la que me habita, me hostiga, me seduce y reduce. Padezco su presencia. Si alguien sospechara que es una experiencia cercana al amor, acertaría. Pero el amor es el gozo de ser vencido. En tanto que, como escritor, pervive en mí el deseo de tomar revancha de la obra que me ha subyugado.

Obsequios

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Entre los objetos más preciados que un hombre puede recibir, está primero todo aquello que los amigos quisieran darnos y que no pueden. Atesoro esos imposibles como testimonio cierto, callado, de su amistad. Segundo, está un libro amado del que se desprenden. En él, viene una prueba de su aprecio, la tierna nostalgia de soltar, la esperanza de que el libro se acoja con la misma fuerza con que fue obsequiado y de que su lectura, al desbordarnos, nos haga igualmente generosos. Si todavía hay bibliotecas es porque los amigos son muy pocos. Podría pensarse que es acto de autoridad: “debes leer”. Borges sabía, no obstante, que sólo se regala lo que ya es del otro. Los grandes lectores nos conocen. Tienen grandes orejas de murciélagos. Saben qué libro falta en los anaqueles invisibles de nuestras búsquedas.