La Bisagra o la escucha

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Aunque el lenguaje no sea propiedad del hombre, parece que el silencio si le pertenezca. Si no siempre encuentra las palabras adecuadas, siempre puede refugiarse en el silencio, que es suyo desde el vientre materno.

Hugo Mujica dice que el diálogo sólo ocurre si uno de los dos interlocutores sabe callar, esto es, si alguno puede escuchar, si puede dar la palabra al otro. Dar la palabra no significa sólo dejar que el otro hable, sino estar en disposición de escucharlo, de comunicar después cuanto dijo. Sólo escucha el que sabe acoger. Aquel que se deja hablar, como Gadamer gustaba de afirmar.

 

¿Se ha notado hasta donde una revista honrada es un gran oído, hasta donde presta atención a las voces diversas de esa única voz que es la poesía?

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Porque la revista se detiene, escoge las voces que tienen algo por decir y luego las comparte, las replica, densa de sí. Es la gran oidora y es la gran anunciadora.

Una revista como La Bisagra es el resultado de diversos diálogos: de la poesía con el editor; de los autores, entre sí, dentro del volumen; Finalmente, del lector con los textos. La revista vive del acto en que los hombres responden a la palabra acogiéndola o transformándola.

 

Gadamer habló de la naturaleza lúdica del diálogo, diciendo que lo propio del juego era realizar una acción que busca una respuesta. La revista es respuesta a la poesía y propone un diálogo al lector.

Por eso, La Bisagra no se comporta sólo como una mediadora, aunque sea de altura. Ella misma aspira a la condición de obra de arte. Sólo un oído poético podría acoger a la poesía. Sólo una obra de la poesía podría acoger al poema. Guardarlo en una forma que, por su delicada y cuidadosa factura, por la calidad de sus autores y de los artistas plásticos que prestan sus obras, pide ser leída, pide ser conservada.

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Valéry dijo que lo propio de un poema es que no pierda su forma al ser comprendido. A diferencia de una expresión que se usa para comunicar y que puede ser resumida, expresada en forma concisa, el poema pide mantenerse inalterado. La Bisagra es igual, no resiste ser mutilada. Toda ella es una unidad de tono, de tema (cada número es distinto), de color. Las obras de la poesía se dicen en un volumen igualmente poético.

 

Por último, La Bisagra se convierte en un centro aglutinante de la actividad poética, de una comunidad que se encuentra y se reconoce por su capacidad de escucha.

Edmond Jabés dijo en boca de uno de sus rabinos: “Toma un níspero, ofrece la mitad a tu compañero. Comido el níspero, su sabor subsiste, la amistad se expande” La Bisagra es ese fruto.

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Publicado por

Carlos Andrés Jaramillo

Poeta, narrador y filósofo colombiano.

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