Baudelaire

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No necesitaba ser rico, para mantener su elegancia. En la miseria, ese rasgo le distinguía. Su frente era amplia, perlada del sudor de la enfermedad. Su cabello largo apestaba a humedad. Tal vez cubría el hedor con “Eau de Cologne”. Los labios eran finos, tensos, ponderativos, presuntuosos. Sus ojos, cansados, abotargados y, sin embrago, incisivos. Como todo gran voluptuoso, veía a través de las intenciones de la gente o eso pretendía. Imaginativo en el gozo, era cándido para todo lo demás. Todas sus amantes le engañaban. Duros, sus ojos, hablaban de lo que habían visto, de largas noches en vela, por el exceso de placeres o de deudas. Ha conversado con el diablo, al que tiene por íntimo y del que, sin embargo, descree. Ha ahogado su desesperación en la belleza. El precio fue la sífilis y no sintió que hubiera pagado un precio demasiado alto por ella.

Publicado por

Carlos Andrés Jaramillo

Poeta, narrador y filósofo colombiano.

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