Entre los objetos más preciados del mundo enumeraré:

 

 

 

La antigua nota reencontrada de una mujer que ha dejado de amarnos
Un libro ajado por su uso
Una clepsidra rota, capaz ahora albergar tan sólo el vacío
Una silla gastada donde la luz descansa cada tarde
Un número de teléfono que jamás tuvimos el valor de usar
Unos zapatos que se acomoden al pie
Una lámina de Gauguin que muestre los senos niños de una adolecente
Un bolígrafo que escriba en el momento adecuado
Una carta jamás entregada
Las manchas que los dedos dejan en el borde de las hojas los libros
Un cofre cuyo contenido nadie se ocupó de saber
El juguete roto de un animal que murió hace tiempo.

Entre las cosas que han dado felicidad a mi vida, enumeraré:

La felicidad de comprender un texto. La voluptuosidad del cuerpo, sí cede a la tentación de la pereza. La belleza de una mujer. Una conversación inteligente. La presencia de la luz en las cosas. El descubrimiento de una música o de un escritor desconocido. La cercanía de un cuerpo. La felicidad de la gente sencilla. El gesto de atención con el que un animal intenta decirnos algo o el peso de su cuerpo en nuestro costado. La firme convicción de que nada es importante; de que la puerta, como querían los estoicos, siempre estará abierta. El agua de la lluvia, el agua de la sed. Unas manos que acunen o consientan la tristeza. De los pájaros, el afán con que velan por sus crías; de los perros, los pequeños y curiosos hábitos de su carácter. La risa, que nos disipa un momento de la gravedad del mundo. La banca solitaria del parque donde nadie me espera.

El libro de la memoria

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El libro de la memoria es un libro que no se cierra nunca. Un libro abierto entre dos países. Leído entre dos mundos: el de tu vida y su muerte. Escrito por dos corazones, y unidas sus hojas por un lazo que no sabe romperse. El libro de la memoria es el libro del corazón, que late dos vidas en cada latido.

Recordar (re – cor, cordis) quiere decir “llevar de nuevo al corazón” “llevarlo una vez más”. Sólo lo que una vez estuvo en él, se recuerda. Y aunque el corazón tiene muchos caminos, sólo tiene muy pocos cuartos para dar albergue.

La intimidad del libro

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Nuestra relación con el libro es intima. “Íntimo”, es el superlativo de “interior”, Intimus: lo más adentro. Tan adentro, que cambiamos el libro (lo rayamos, anotamos, ajamos, gastamos, interpretamos) de la misma manera que él nos cambia, desde el interior: dilatando el espacio de la experiencia. Lo interior se abre, crece hacia a lo interior del libro, donde se modifica.

Nuestra relación es intima hasta dejar en él, impreso, el hábito de nuestros dedos, la frecuencia de nuestros afectos, la vacilación de nuestras dudas. Tal vez nunca dejemos esa endecha en una piel amada. Esa mancha por la que sabemos que no hemos dejado de morar en un libro.

Giorgio Morandi

Israel Hershberg: Portraits of Cypresses

Ahora que hay lluvia sobre el mundo.
Y has creado un orden misterioso con humildes objetos.
Ahora que, en lo sencillo, asoma conmovedor lo perfecto, como en el rostro ajado y limpio de tu mujer en las mañanas.
Y la mesura del color sabe procurar un lento alivio.

Ahora que el tiempo mece la luz, como llevado por el viento.
Sé que vivir, jamás necesitó de grandes gestos.