Sobre la poesía

 

El budismo Zen encierra una curiosa paradoja en su doctrina: profesa la creencia en la iluminación y, al mismo tiempo, afirma que dicha experiencia no puede ser expresada por el lenguaje. Así pues, uno se pregunta ¿Cómo es, entonces, que saben si han alcanzado o no la iluminación? ¿Cuál su criterio? ¿Se trata acaso de un engaño, tal vez de sugestión? No puedo precisarlo, pero lo comprendo, porque la experiencia de la poesía es similar: aunque no podemos definirla, sentimos, más que sabemos, cuando estamos delante de un verdadero poeta y cuando, lo que escribimos, roza, aunque sea de cerca, la poesía.

¿Qué hacer, entonces? Es cierto que puedo ensayar la vía negativa. Es decir, definir la experiencia poética por lo que no es, pero temo que tarde demasiado tiempo. Así que intentaré una vía que desaconseja Gadamer, por que no hago experiencia del objeto mismo, sino de mi experiencia sobre el objeto. Voy a preguntarme qué produce en mí la poesía.

Al leer un verdadero poema noto siempre en mí el asombro. Es decir, la sensación de estar delante de algo tan inédito que no encaja dentro de mis coordenadas del mundo. Esto nuevo se da en dos sentidos: primero, al hablarme de experiencias que no conozco. Segundo, que lo hace de una manera inolvidable (encontrando las palabras justas). Es decir, nos está mostrando detalles del mundo que desconocíamos y los dice de una manera que ignorábamos que pudiera usarse. Lo característico del asombro es que nos deja sin palabras. Nos obliga a crear un lenguaje para hablar: nos pone en dirección de la poesía, nos lleva a crear. La poesía es, por eso, un intento de decir lo que nos excede, de asirlo, manteniendo su ambigüedad, su forma misteriosa de mostrarse. Asombro, he ahí otro de los nombres de la poesía.

Pascal Quignard decía algo sobre el amor. Que consiste en imágenes que nos hostigan día y noche y en un diálogo ininterrumpido con alguien que no está. Así es el poeta, hostigado por el mundo, por sus propias sensaciones, que no terminan de decirse de manera adecuada y que, él mismo, tampoco atina a comprender muy bien del todo.

 

Publicado por

Carlos Andrés Jaramillo

Poeta, narrador y filósofo colombiano.

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