Acerca de la poesía

 
 
 

El poema es un objeto del mundo, y como todo objeto es misterioso. Sólo los diccionarios o la costumbre, pueden hacernos creer que el mundo está completo, que se basa en definiciones ya establecidas. Basta, por ejemplo, mirar un rostro: !qué sorprendente ese objeto cercano y ajeno a un mismo tiempo!  La boca que ama o desdeña, se entrega o guarda. Los ojos que son una promesa sin destinatario. Esa vibración que lo atraviesa y que llamamos emociones. Todo objeto es elusivo, escapa a la definición si lo miramos con calma. ¿Qué es  el agua, por ejemplo? No la formula química, sino su curso, su inasible transparencia.

Y el poema lo dije, es un objeto. Un objeto capaz de emocionarnos, de hurtarnos del mundo, pero a diferencia de los otros no es sólido, sino que está hecho de palabras, con aquello que nos hace humanos. Hablamos aún si callamos. Somos un diálogo ininterrumpido en nuestro interior. Hablamos en el éxtasis doloroso o en placer. Estamos hechos de palabras, insisto. Y con palabras construimos un mundo, una cultura, le damos un sentido a la realidad.

Y, sin embargo, la poesía sólo nace del olvido o el desconocimiento del lenguaje. Del descubrimiento de palabras o formas nuevas de nombrar. Sólo nos sorprendemos delante de lo nuevo. Y el poema nos redescubre lo insólito del mundo, que el mundo cada vez acontece y que sólo por pereza podemos restringirlo a una categoría tan pobre como una definición. Por eso llamo Poesía a la emoción que experimento ante lo desconocido, la fascinación de estar ante lo nuevo, que parece nombrar las cosas, aún si son nombradas por cada uno de manera distinta. Y al poema esa nueva manera de llamar lo nuevo. Un poema recobra para nosotros ese instante en que dejamos de hablar de las cosas y dejamos que ellas hablen por sí mismas y nos sorprendan.

Dejamos que el amor hable por nosotros, que la tristeza o la alegría lo hagan en su aterradora novedad. Los objetos se forman, nos buscan en la oscuridad del deseo o de la angustia. Se dicen en nosotros, aun sin saberlo. Un día somos conscientes de ellos y no podemos parar de hablar: escribimos. Esa es nuestra respuesta. Somos interpelados por ellos.

No estoy mistificando, sin embargo. No hay inspiración, hay atención sobre el mundo. Y esa atención va formando las palabras que se dicen en nosotros. Por eso la poesía nace también de la soledad, de nuestra relación íntima con el mundo.

Un ejemplo concreto. Nos enamoramos, ¿No es cada muchacha única, no nos hace decir lo que hasta entonces no habíamos dicho o pensado? Llamarla por un nombre distinto al suyo es ya estar cercanos a la poesía. Pero cuando su ausencia nos es cercana en el corazón, cuando la recobramos cada vez y las palabras no alcanzan a nombrar lo que sentimos, podemos decir: la amo, hago poesía.

 
 
 

Publicado por

Carlos Andrés Jaramillo

Poeta, narrador y filósofo colombiano.

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