El amor y Spinoza

Spinoza dijo que el amor es la alegría por la existencia del otro o, en sus términos, “[…] una alegría acompañada por la idea de una causa exterior”. Alguien se alegra porque algo existe. ¿Quién fue el último que habló de alegría en el amor? ¿No es acaso el sentimiento trágico por excelencia? Pero el discreto pulidor de lentes dijo: “Alegría”. No puso ninguna condición. Tampoco habló de que fuera necesario una correspondencia. El amor, lo sabía el delicado inventor de un Dios, es un asunto personal. Uno puede enamorarse sin ser correspondido y eso no disminuye en nada la experiencia. ¿Acaso no ama a un Dios que nunca le ha contestado?

Por eso me conmueve Spinoza, porque nada pide del otro, sino que exista. Es una experiencia de la suficiencia, nunca de la necesidad. Por eso puede soltar aún lo más amado, sin perderlo.

Rilke habló de la superioridad del amante sobre el amado, por la fuerza de su resignación.

Imagino a Spinoza como quien mira la naturaleza y no necesita siquiera una fotografía para marchar tranquilo, pues va contento de haber visto, como el bonzo que no necesita arrancar la flor para contemplar su belleza.

Publicado por

Carlos Andrés Jaramillo

Poeta, narrador y filósofo colombiano.

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