Pequeñas acuarelas

 

No le costaba nada escribir, si por escribir entendemos garabatear letras, que no entendía, sobre la hoja. Si le preguntaban que quería decir, reía enseñando los pocos dientes que le quedaban y agachando la cabeza volvía a emborronar la hoja con sus trazos.

Pero su soledad no era buscada, y acaso por ello, intuí que sufría (como una casa abandonada, señalando bajo el cielo el lugar donde sucedió una vida).

Y entonces, abrió las manos, por abrirlas, pues nada le había sido ofrecido. ¿Tenía la culpa si esperaba?

La música, qué sola ella misma junto a la soledad del guardia, en los espacios abiertos que miran al cielo. Qué sola ella misma, desde que el guardia está dormido.

 

Publicado por

Carlos Andrés Jaramillo

Poeta, narrador y filósofo colombiano.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s