La sopera de plata, Chardín

chardin

 

He ahí la luz, que discreta alumbra el hecho aparentemente nimio de la muerte. Un poco como en los templos románicos, en cuya fresca y apacible tiniebla era posible hallar a la divinidad, que se colaba en un rayo de luz a través de una ventana. Un Dios que no había renunciado a su misterio, que se valía de las sombras para mostrar su singularidad. Así también es la muerte que, en la densidad del mundo, parece iluminar su propio sentido, su propio y misterioso aparecer.

Publicado por

Carlos Andrés Jaramillo

Poeta, narrador y filósofo colombiano.

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