Pequeñas acuarelas

 

No le costaba nada escribir, si por escribir entendemos garabatear letras, que no entendía, sobre la hoja. Si le preguntaban que quería decir, reía enseñando los pocos dientes que le quedaban y agachando la cabeza volvía a emborronar la hoja con sus trazos.

Pero su soledad no era buscada, y acaso por ello, intuí que sufría (como una casa abandonada, señalando bajo el cielo el lugar donde sucedió una vida).

Y entonces, abrió las manos, por abrirlas, pues nada le había sido ofrecido. ¿Tenía la culpa si esperaba?

La música, qué sola ella misma junto a la soledad del guardia, en los espacios abiertos que miran al cielo. Qué sola ella misma, desde que el guardia está dormido.

 

Sobre las caricias

 

No desgastan el cuerpo por el rose constante, como el viento, que reduce silenciosamente las ruinas. Lo afinan, más bien, como a un instrumento sinuoso y secreto. Un cuerpo en el momento del amor, es un instrumento sonoro que repite el grito primordial de la naturaleza en las criaturas. Un grito que se repite en el momento de nacer y se prolonga hasta que la muerte lo acalla.

 

N° 10, Rothko

 

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Veinticinco siglos antes de nuestro moderno interés por el silencio, Simónides afirmó “La pintura es una poesía muda”. Es decir, una obra que no precisa del lenguaje verbal para expresarse. Que se vale de las imágenes y de los colores para significar. Y ninguno de estos elementos tiene un significado preciso. Por eso, la mudez de la pintura está en su negativa a adherirse a un significado concreto o traducible a un lenguaje articulado.

No habla, pero expresa. Todo lo callado (toda obra intensa, todo misterio en la naturaleza) participa de esta condición. En su silencio, en su aislamiento, parece llamar la atención hacia sí, fascinar, justamente porque su sentido permanece oculto, al hacer parte de un lenguaje que no puede expresarse de manera precisa con el nuestro. Y en cuanto innombrable, es inagotable. Nos llama cada vez con su misterio. Ejerce una influencia sobre nosotros y nuestra naturaleza organizativa, dotadora de un sentido para el mundo.

Y todo misterio enmudece, acalla al espectador que se siente confundido o sorprendido por su indeterminación, que trata calladamente de asignarle un sentido, un lugar en las coordenadas de su comprensión. Frente a lo callado, se calla. Se convierte en nada frente a nada, en una profundidad anulada, frente a una profundidad vacía, pero decisiva.

Así la obra de Rothko, se abre hacia el espectador como un misterio inagotable, un misterio que lo libera de sí…

 

Pequeños apuntes

 

Con tranquilo, y cada vez más profundo, gozo, se ha aficionado a la contemplación de la luz, a las huellas (siempre inasibles en su significado) que va dejando en el pasto, en las mesas de blanca piedra, en el aire (esa tenue arquitectura). La contemplación de la luz inhibe dulcemente el pensamiento hasta averiarlo.

No ha sido para nadie inolvidable, y esa conciencia no consigue entristecerlo del todo.

 

La sopera de plata, Chardín

chardin

 

He ahí la luz, que discreta alumbra el hecho aparentemente nimio de la muerte. Un poco como en los templos románicos, en cuya fresca y apacible tiniebla era posible hallar a la divinidad, que se colaba en un rayo de luz a través de una ventana. Un Dios que no había renunciado a su misterio, que se valía de las sombras para mostrar su singularidad. Así también es la muerte que, en la densidad del mundo, parece iluminar su propio sentido, su propio y misterioso aparecer.

El corral de los locos, Goya

 
 
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¿Existe obra más deliciosamente caótica que “El corral de los locos” de Goya? Hay versos de Baudelaire que, si fueran dichos al oído del hombre adecuado, provocarían un crimen. Hay en ellos verdades tan irrefutables, tan negativas, que sólo la destrucción puede estar a su altura. Pinturas, cuya sola visión, no hace más que echar leña en donde ya arde un conato de incendio. ¿Incendiarios por excelencia? Bacon, Beksiński, de Bruyckere. Quien mira a Goya deja de creer en la serenidad del mundo, se asoma a las antípodas de la bondad, de dónde sólo es posible volver con un madero encendido en la mano.